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Firmeza en Cristo

Por el Hno. Gustavo Seguel



En un mundo lleno de distracciones y tentaciones, la llamada de Cristo a la iglesia de Sardis resuena poderosamente, incluso para nosotros. En Apocalipsis 3, el mensaje es claro: aunque puedas parecer vivo, si te has desviado de la verdad y te has sumido en las comodidades del mundo, estás espiritualmente muerto.


Las «Siete Estrellas» y el «Siete Espíritu de Dios» mencionados en el texto se refieren a la plenitud del Espíritu Santo en nuestras vidas, proporcionando sabiduría, entendimiento, consejo, poder, conocimiento y temor del Señor. Dios conoce nuestro corazón y nuestros pensamientos; Él ve más allá de las apariencias y conoce nuestra verdadera esencia.


La iglesia de Sardis sirve como advertencia, un recordatorio de cómo podemos alejarnos del propósito de Dios cuando cedemos ante las tentaciones mundanas. ¿Estamos siendo lo que decimos ser? ¿Hemos colocado a Cristo en el centro de nuestras vidas, o hemos dejado que otras cosas tomen su lugar? Sardis murió cuando relegó la Palabra de Dios y se adaptó al mundo, olvidando su llamado a transformar la verdad de Cristo en medio del caos.


Sin embargo, el camino de restauración está al alcance de todos. Debemos despertar y fortalecer lo que queda, regresando a la verdad que conocimos al principio y arrepintiéndonos de nuestras desviaciones. La iglesia viva no se aferra al pasado, sino que abraza a Cristo como su presente y futuro. Debemos anhelar el regreso del Señor, evitando ser absorbidos por las preocupaciones terrenales.


Ser vigilantes implica estar alerta y comprometidos en la obra de Dios. Afirmar nuestra fe nos recuerda que el arrepentimiento y la transformación son posibles. Recordar y guardar la Palabra de Dios en nuestros corazones es esencial para resistir las tentaciones. La obediencia a la Palabra nos respalda y nos libera.


El arrepentimiento, no el remordimiento, nos lleva de regreso a Dios. Aquellos que se mantienen sin mancha, como el texto describe, caminarán con Cristo, vestidos de blanco y dignos de estar en Su presencia. Pero debemos cuestionarnos: ¿Algo está ocupando el lugar de Cristo en nuestras vidas? Solo al escuchar y obedecer al Espíritu Santo podemos mantener a Cristo en el centro y mantener nuestra salvación segura.


En resumen, el llamado de Apocalipsis 3 es relevante para nuestra generación. Al mantenernos firmes en Cristo, siendo vigilantes y obedientes a Su Palabra, podemos evitar la trampa de vivir de apariencias. Que nuestra fe sea más que palabras, que nuestras acciones reflejen a Quien decimos seguir y que nuestro compromiso con Cristo sea el centro de todo lo que somos y hacemos.

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