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El amor de Dios

Por el Hno. Telmo Santana.


“Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros.” Juan 13:34 NTV


“El amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón ni orgulloso” 1 Corintios 13:4 NTV


El amor es un atributo divino que define la esencia misma de Dios. Como creyentes cristianos evangélicos, entendemos que el amor de Dios es puro, incondicional y eterno. Su amor no se limita a palabras vacías o promesas vacías, sino que se manifiesta de manera tangible y significativa en nuestras vidas.


Dios nos exhorta constantemente a no dejar que el amor se enfríe entre los hermanos. Esto significa que debemos mantener una actitud de amor genuino y sincero hacia nuestros hermanos y hermanas en Cristo. No debemos permitir que las divisiones, los resentimientos o los malentendidos se interpongan en el camino del amor. En lugar de ello, debemos esforzarnos por tratarnos unos a otros con el amor del Señor, que va más allá del amor humano.


Jesucristo es el ejemplo supremo de lo que significa el amor. Él nos amó de manera tan profunda que dio su vida en la cruz por nosotros, siendo un sacrificio supremo y definitivo. Su amor no conoce límites ni condiciones. Jesús es la perfecta manifestación de Dios en forma humana, y al amar, estamos siguiendo su ejemplo y manifestando el perfecto amor de Dios en nuestras vidas.


Dios es la fuente misma del amor. Él es la fuente inagotable de amor y todo amor verdadero encuentra su origen en Él. El amor de Dios es poderoso y transformador. Nos ha amado tanto que envió a su Hijo amado para que muriera por nuestros pecados y reconciliarnos con Él. Esta es la más grande muestra de amor que podemos imaginar, y nos muestra el inmenso valor y significado que Dios atribuye al amor.


El amor del Señor no solo nos transforma, sino que también calma nuestros temores. En un mundo lleno de incertidumbre y miedo, el amor de Dios nos brinda consuelo y seguridad. Nos recuerda que no estamos solos y que Dios está con nosotros en cada paso del camino. Al confiar en su amor, encontramos paz en medio de las tormentas y valentía para enfrentar los desafíos que se presentan.


Amar con facilidad a las personas que Dios nos ha dado para amar es un llamado importante. Nuestro amor no debe ser selectivo o condicionado, sino que debemos amar a los demás como Dios nos ama a nosotros. Este tipo de amor implica dirección y acción. Significa estar dispuestos a servir, perdonar, consolar y animar a aquellos que nos rodean. Debemos amar incluso cuando es difícil, porque el amor de Dios es perseverante y sacrificial.


En resumen, el amor de Dios es el mayor regalo que podemos recibir y compartir. Es un atributo divino que no debe enfriarse entre los hermanos. Al seguir el ejemplo de Jesucristo, manifestamos el perfecto amor de Dios en nuestras vidas. Dios es la fuente de este amor, y su amor nos calma y nos impulsa a amar a los demás. Así que, amemos con facilidad a aquellos que Dios nos ha dado para amar, mostrando así el amor transformador y poderoso de nuestro Señor.



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